jueves, 23 de junio de 2016

AGUACERO (LUIS ROSO)

Aguacero
Luis Roso



FICHA TÉCNICA

Título: Aguacero
Autor: Luis Roso
Editorial: Ediciones B, 2016
Encuadernación: Tapa blanda
Páginas: 407










LUIS ROSO


Esto es lo que la editorial nos cuenta de este joven autor:

Luis Roso (Moraleja, Cáceres, 1988) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Barcelona y posee un máster de Literatura Española e Hispanoamericana. Apasionado de la literatura, la historia, el cine y el deporte, actualmente trabaja como profesor de secundaria en la Comunidad de Madrid. Admira a Delibes, Cela, Ferlosio, Sender, Azorín, De la Serna, Aldecoa, Barea y Martín Santos. 
Aguacero es su primera novela.






Aquí todos mueren

ARGUMENTO de AGUACERO


A Ernesto Trevejo, inspector de la Brigada Criminal, van a encomendarle una difícil misión lejos de la capital. Ha de marchar a un pueblo de la sierra madrileña para colaborar con la Guardia Civil en el esclarecimiento de cuatro asesinatos que se han producido allí. Todo ello con la mayor discreción posible, pues al tratarse de dos guardias civiles y el alcalde de la localidad, puede haber implicaciones políticas que no conviene airear.
«Montar un operativo policial en condiciones, como usted dice, significaría hacer partícipes de este asunto a un sinfín de personalidades e instituciones, y eso, como le he dicho, es precisamente lo que se quiere evitar. Hay determinados oídos que es mejor que no oigan según que cosas». (Página 29)

Un caso muy complicado que ha de intentar resolver bajo un persistente aguacero que parece empeñado en lavar la sangre que corre por las calles del pueblo.






AGUACERO


Enero de 1955, esa es la fecha que el autor ha elegido para ambientar su novela. No es casual, como nos dice en la nota final del libro, porque huye así de la época más próxima al final de la guerra, la más negra de la dictadura y por otra parte, evita también los años sesenta, el despegue de la economía española. El año 1955 es un momento en el que las cosas en España están empezando a cambiar, aún no ha llegado el despegue pero, cosas dela guerra fría, el acérrimo anticomunismo del régimen franquista, lo convirtió en aliado de los Estados Unidos, dando definitivamente al traste con las esperanzas de aquellos que creyeron que el triunfo de los aliados en la II Guerra Mundial propiciaría la vuelta del gobierno republicano.
«Con el definitivo asentamiento del régimen y su reconocimiento internacional –“Ahora sí que he ganado la guerra” había dicho el generalísimo al firmar el pacto con los americanos dos años atrás». (Página 31)

El cambio de planes de la oposición a dicho régimen franquista, tenía que ser totalmente diferente:
«Llegado el momento oportuno, el régimen caería por su propio peso, esta era la nueva postura, el nuevo planteamiento. No derribar el régimen por la fuerza, sin o dejar que se consumiera pos sí  mismo o como mucho propiciar su caída o anticiparla minándolo muy poco a poco desde adentro, sin sacudidas ni conmociones». (Página 31)

En este delicado momento de cambio es en el que se desarrolla la novela, de ahí el interés de no dar alas a los autores de unos crímenes si éstos resultan tener un matiz político, algo que la investigación no ha determinado todavía:
«La violencia, como el bostezo o la risa, es un fenómeno altamente contagioso, y puede que bastara un simple descuido para que los muertos comenzaran a acumularse en ambos bandos como había venido ocurriendo hasta hacía muy podo, durante los años en que las bombas casera y los tiroteos callejeros estaban a la orden del día». (Página 33)


La investigación se la encargan a Ernesto Trevejo. ¿Quién y cómo es Ernesto?:
«Yo, en cambio, no tenía más ambición que subsistir con relativo desahogo hasta el fin de mis días. Era un funcionario enquistado forzosamente, por falta de medios y padrinos, en mi puesto de trabajo: inspector de primera de la Brigada de Investigación Criminal del Cuerpo General de Policía». (Página 13)

Tiene 34 años, aunque realmente no los aparenta:
Mi figura –mi cuerpo de lapicero y mi rostro imberbe, propio de estudiante o bohemio- no le inspiraba la suficiente autoridad. (Página 37)

Ernesto no es un adepto al régimen, ni se encuentra en la policía para hacer carrera política. ¿Qué pinta entonces allí?
«-¿Por qué se metió usted a policía?-Porque no valía para ladrón. Ni para cantante. Ni para político». (Página 310)

A Ernesto le asignan una pareja en esta misión, que no es otro que uno de los jóvenes guardias civiles del puesto en el que han tenido lugar los asesinatos: Aparecido. Un contrapunto muy conseguido, porque en toda novela negra que se precie, el protagonista ha de tener un compañero que le permita con sus razonamientos y preguntas avanzar en la investigación. ¿Qué sería de Holmes sin Watson? ¿O en versión nacional de Bevilacqua sin Chamorro?

Y allá que se traslada a la sierra madrileña, con las imágenes del Valle de los Caídos en construcción (faltaban tres años para su terminación). Un pueblo que los recibe bajo una lluvia que no cesará en todo el tiempo que está allí, como si no quisiese que permaneciese en el pueblo. Como le dice un personaje:
«-Mi opinión es que lo mejor que podría hacer usted es dar media vuelta, marcharse a Madrid, y olvidarse de este lugar y de todos nosotros, Si no, usted también va a quedarse atrapado en la trampa para moscas». (Página 166)

En este pueblo ficticio es donde transcurre casi toda la acción de la novela, salvo sus inicios y el final de la misma que tienen lugar en Madrid, un Madrid que el autor por boca de Aparecido, siempre con un punto de cordura que proviene de la sabiduría popular, nos muestra de otra manera:
«-¿Y qué te parece la ciudad?-No me gusta. Es muy oscura y muy ruidosa. Y además es enorme.-Eso es al principio. Luego te das cuenta que es como un pueblo grande.-No lo sé, puede. Pero de momento lo que tengo es la sensación de que aquí sobra gente. Muchas personas en muy poco espacio. No sé cómo no se les acaba el aire». (Página 38)

Un caso que va a resultar mucho más complicado, porque en la zona hay también intereses empresariales, pues se está construyendo una presa para un pantano, ese que Franco irá a inaugurar en cuanto esté terminado. Eso implica un numeroso grupo de trabajadores y sus familias que viven en condiciones más que precarias. Un puñado de obreros a los que implicar en acciones subversivas. Porque las muertes no han terminado, aún quedan muertos que agregar al caso.






IMPRESIÓN PERSONAL

Había leído que esta novela era muy buena. Pero una cosa es leerlo y otra diferente comprobarlo y que sea cierto. Lo es. Una obra de la que lo primero que sorprende es la edad de su autor, continuando por el emplazamiento de la misma, tanto geográficamente como en el tiempo, en ese año 1955 con el régimen franquista ya bien afianzado en España y los empresarios que han crecido a su sombra ya enriquecidos y dominando todos los resortes del poder.
En medio de ellos un policía sin ambiciones políticas, más interesado por las mujeres bellas que por otra cosa. Claro, que mucho tiempo no le dejan para sus aventuras amorosas, pues no tienen empacho en endosarle casos de los que poco prestigio puede sacar y mucho mal para su carrera si lo hace mal.

Es el comienzo de lo que espero que sea una larga trayectoria para el inspector Ernesto Trevejo, que da en esta novela sus primeros y exitosos pasos.
Una novela que se lee con un interés creciente y que tiene sobre todo una excelente ambientación. Esa recreación del pueblo bajo el aguacero permanente, hacen que Aguacero no solo sea una novela negra, sino que podamos hablar de ella también como de una novela gris, pues en el fondo ese es el color que predomina en la misma.
Una novela con un buen número de personajes, no solo la pareja de Ernesto y Aparecido, tan bien perfilados que consiguen algo que no todas las novelas consiguen: una historia creíble.
Una historia por otra parte muy cinematográfica, de esas que pide a gritos una versión que, eso sí, debería ser en blanco y negro, pues esos son los colores que definen esta historia en la que como dice un personaje, bienpodría ser un serial radiofónico de la SER que llevase por título Aquí todos mueren.

Quedo esperando con impaciencia la próxima novela de Luis Roso.




VALORACIÓN: 9/10

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7 comentarios:

  1. Pues tomo buena nota del autor y de la novela (encima es extremeño!!!) Me gusta lo que cuentas, así que habrá que darle una oportunidad :)

    Bs.

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  2. Hola. Coincido en impresiones, me ha sorprendido mucho este libro, la ambientación y la maestría en la construcción de los diálogos para darle ese toque irónico... Un autor a tener en cuenta.
    Un beso

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  3. Estoy en plena faena y me está gustando mucho. La ambientación es genial, esa opresión de un pueblo perdido en la montaña y el silencio de los vecinos...me encanta. Y sus ironías, más.
    Besos

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  4. La leeré pronto, que está gustando mucho. Un beso ;)

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  5. Pero qué buena reseña y qué buena pinta tiene esta novela. Tengo que leerla sí o sí.
    Besotes!!!

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  6. Me gusta el planteamiento!!
    Lo apunto!

    Besotes

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